jueves, 20 de noviembre de 2014

El hombre elefante, by David Lynch

Si pudiera le haría unas cuantas preguntas a David Lynch:

Por qué el hombre elefante es tan bueno si le rodea tanta maldad?

Por qué el hombre elefante es tan sensible si no ha conocido la sensibilidad?

Por qué el hombre elefante es tan amable si nunca ha conocido la amabilidad?

Por qué el hombre elefante es tan educado si nadie le ha enseñado modales?

Por qué el hombre elefante es tan culto si se ha criado entre mastuerzos?

Y a Anthony Hopkins le preguntaría qué se siente haciendo de bueno, para variar.

Y a John Hurt le preguntaría qué se siente haciendo de monstruo, para variar.

Y a mí misma me preguntaría... qué se siente haciendo de hijaputa, para variar.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Frances Ha, by Noah Baumbach

Volvemos al mumblecore, y por supuesto al blanco y negro, cómo no. Un director descaradamente hipster como Noah Baumbach (el de "Una historia de Brooklyn") no podía faltar a esa cita con el B/N que más tarde o más temprano tienen todos los alternativos.

Y mira que me repelen. Y mira que veo el primer fotograma en B/N y ya tengo las uñas afiladas y dispuestas para el ataque. Y mira que los primeros planos ya me ponen los pelos como escarpias y los dientes como puñales.

Pero cuche usted, contra todo pronóstico, "Frances Ha" me ha gustado. Bueno, para ser más exacta, lo cierto es que no me ha disgustado del todo. Tal vez porque:

- Frances quiere ser bailarina aunque ande como un pato mareao.

- Frances es una auténtica espantatíos de manual.

- Frances cree en la amistad por encima de todo y se pega por ello  unos palos de la hostia.

- Frances es la única persona que ha viajado a París y no ha flipado.

- Frances intuye que hacerse mayor es un coñazo y lo intenta retrasar al máximo.

Sea por lo que sea, Frances me ha caído bien. Además compartimos problema: mi nombre también es demasiado largo y tampoco cabe entero en mi buzón. La diferencia es que ella ha acortado su apellido y lo ha dejado en "Ha" y yo he preferido sacrificar mi nombre de pila y lo he dejado en "I". Por lo demás nos parecemos poco, pero creo que nos llevaríamos bastante bien. Por lo raritas y eso. Aunque eso sí, mi vida tiene algo más de color.

martes, 18 de noviembre de 2014

El consejero (The Counselor), by Ridley Scott

Decidí ver esta película, a pesar de las espantosas críticas, por algo que ponía en la del Chicago Sun-Time, que prometía "la escena de sexo más escandalosa del año". Y no es que yo esté muy interesada en el sexo sino que esperaba que esa escena la protagonizara Michael Fassbender, de quien es público y notorio que estoy locamente enamorada, encoñada y megacolgada.

Y a pesar de que la citada escena (que tampoco es para tirar cohetes, sinceramente) por desgracia no estaba protagonizada por mi machote, sino por una inquietante a la par que hilarante Cameron Díaz, no me arrepiento de haberla visto. Yo me tragaría encantada cualquier coñazo con tal de tirarme dos horas babeando impúdicamente por Fassbender.

Aunque en esta ocasión, las cosas como son, me lo han puesto tan repeinado, estirado y acapullado que, la verdad, la mitad de las babas que tenía preparadas para derramar me las terminé guardando para mejor ocasión.

A mí Fassbender me gusta mucho más en plan guarrillo, con barba de tres días y eso. Y preferiblemente haciendo de malote, y no como aquí, de pardillo encoñadete, y encima de Penélope Cruz. Puffffffff, cágate lorito, hay que joderse.

En fin, dado que no pude regodearme a mi antojo con la prestancia del bello Michael, no tuve más remedio que ver la peli en clave estrictamente cinematográfica, y aquí traigo un breve resumen de lo que yo creo que pasa en esta cinta:

1. Hay un abogado (Fassbender) que tiene una novia (Penélope Cruz) a la que quiere mucho y a la que llama por teléfono por las noches para decírselo por activa y por pasiva (poniéndose incluso algo pesadito con el tema), y a la que le regala un anillo de diamantes para pedirle matrimonio. O algo así.

2. Hay un tipo con unos pelos infames (Bardem y su maldición con las pelucas) que también tiene una novia bastante lagarta (Cameron Díaz) a la que le gusta follarse coches (no follar en coches, sino follarse a los coches propiamente dichos) y luego confesárselo a un cura. Como si fuera una especie de perversión raruna. O algo así.

3. Hay otro tipo bastante guapete (Brad Pitt) que se junta de vez en cuando con el abogado Fassbender y se toman unas Heineken mientras charlan de sus cosas. Suelen dar buenas propinas a las camareras, lo cual dice mucho a su favor. Parecen buenos amigos pero como hablan un poco raro no lo podría asegurar del todo. Creo que hablan de un negocio que se traen entre manos. O algo así.

4. Hay un par de leopardos que se pasean tranquilamente por la mansión del tío de los pelos raros, que creo que son de la novia del tío, pero también podrían ser de su madre o de su abuela o de su tía. O algo así.

5. Hay unos tipos muy mal encarados que van por ahí cortando cabezas a todo desgraciado con el que se cruzan. Y a menudo de muy mala manera y sin muchas contemplaciones, con un montón de sangre, vísceras y profusión de porquerías varias. Al parecer estos tíos tienen una especie de manía con eso de cortar cabezas a la peña. Un vicio. O algo así.

6. Hay un señor mexicano muy pesado (el polifacético Rubén Blades) que habla por teléfono y suelta largas peroratas que parecen afectar mucho al abogado Fassbender, que llora amargamente al escucharlo, aunque bien podría ser que llorara porque se le ha metido un pizco en el ojo o porque ha estado pelando cebollas. O algo así.

7. Y también hay un camión muy grande que va de un lado a otro y que todos parecen muy interesados en interceptar, tal vez porque lleva algo de gran valor o puede que sea porque el camión mola cantidad. Ya sabéis lo que decía la canción: "Yo para ser feliz quiero un camión". El caso es que se pegan de hostias para quedarse con él. O algo así.

Y vamos, en esencia esto es lo que puedo decir de esta película. Sinceramente, no entiendo por qué dice la gente que no se ha enterado de nada. Yo me he enterado perfectamente.

Aunque... aquí, entre nosotros, tengo una pregunta importante:

Cómo es posible que una peli dirigida por el gran Ridley Scott, escrita por el archilaureado Cormac McCarthy y protagonizada por pedazo de tíos como Dios Fassbender, Brad Pitt o Javier Bardem pueda ser tan pestiño, Virgen santísima?

jueves, 13 de noviembre de 2014

Buscando un beso a medianoche, by Alex Holdridge

Consejos básicos para hacer una película mumblecore y ser considerado una gran promesa del cine indie:

1. La fotografía por supuesto en blanco y negro. Eso da ya un montón de postín per se.

2. Empezar la historia con una frase impactante, por ejemplo con un anuncio en Internet que diga: "misántropo busca misántropa". Por lo menos a los misántropos nos ganas seguro.

3. Hacer que los personajes se paseen mucho, parloteen constantemente y gesticulen con gran aparato y pompa.

4. Introducir diálogos chocantes, para que el espectador se coma el coco intentando adivinar qué se ha querido decir; cuanto menos pegue una respuesta con la pregunta previa mejor. Sobre todo, que los personajes parezcan muy originales porque no dicen las cosas normales que diría cualquier hijo de vecino.

5. Basar la historia en una premisa que mole, por ejemplo, que el objetivo de los protagonistas sea besar a alguien al dar las campanadas de fin de año.

6. Meter mucho plano largo de la ciudad, y luego decir que es una protagonista más de tu historia. Eso hará que te comparen con el maestro Allen y su amada Manhattan.

7. Hacer que los personajes sonrían constantemente aunque nadie sepa porqué. Una sonrisa por aquí, otra por allá... Eso a la gente le gusta un montón porque desconcierta.

8. Sacar primeros planos constantes de los protagonistas, que se vean bien los granos purulentos, las manchas cutáneas, los poros abiertos, los pelillos saliendo... en fin, que dé un poco de asquito incluso.

9. Montarte un final guay, alternativo, lo más alejado posible de la comedia tradicional pero que deje buen sabor de boca para que la gente termine con esa sonrisita boba que suelen dejar las historias de amor tontorronas.

Y así es básicamente como Holdridge ha conseguido convertirse en la gran promesa indie. Además de ganar un pastizal paseando por el mundo su pretenciosa castaña.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sobran las palabras, by Nicole Holofcener

Las relaciones entre ex suelen ser difíciles, y si ya lo juntas con las nuevas parejas, con los amigos comunes, con los hijos propios y con los de los ex... en fin, es una auténtica aventura y cada cual la lleva como buenamente puede.

Ésta es una película sobre divorciados muy perdidos y debería ser de visión obligada para todos los que en algún momento de su vida han pasado o vayan a pasar o puedan pasar por un momento así; vamos, prácticamente para todo el mundo, porque en este terreno el que esté libre de todo riesgo que tire la primera piedra.

No, ésta no es una comedia romántica al uso. Y bien que se agradece. En realidad no sé ni si es una comedia romántica, y si lo fuera es para gente que ya viene un poco de vuelta de romanticismos pero no lo bastante como para no volverse a enamorar.

Muy buenos diálogos, llenos de lucidez, lo cual es muy poco frecuente en este género, comúnmente plagado de chorradas que hacen enrojecer. Quizás tenga que ver con que los protagonistas son gente que pasa de los 40 y que ya ha superado buena parte de la tontería que suele acompañar a la juventud.

A estas alturas para hacer algo medianamente original en una comedia romántica hay que rizar mucho el rizo. Y Nicole Holofcener aquí lo riza bastante. Aunque cuenta con la baza de un magnífico Gandolfini enfrentado a una inspirada Julia Louis-Dreyfus que hacen totalmente creíbles las situaciones más rocambolescas; por no hablar de los secundarios, que sin duda brillan con luz propia en esta danza colectiva perfectamente coreografiada por Holofcener.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Pacto de silencio, by Robert Redford

Patético Redford camuflado con su gorrita de beisbol.

Patético Redford corriendo por el bosque cual damisela.

Patético Redford frente a un imponente y grandioso Nick Nolte.

Patético Redford frente a una divina y maravillosa Susan Sarandon.

Patético Redford haciendo a sus años de vigoroso papi de una niñita.

Patético Redford con su cara acartonada, auténtica momia de Tutankamon.

Patético Redford, execrable, repugnante y ridículamente patético de principio a fin.

viernes, 31 de octubre de 2014

La duda de Darwin, by Jon Amiel

Confieso desde ya que no pude terminar de ver la película. Me rendí a la mitad poco más o menos.

Jon Amiel, el director, basa la historia en la repetición constante de 4 tipos de escenas, a saber:

1. Darwin discutiendo con su esposa, una beatona apegada a las tradiciones que obviamente no es la compañera ideal para un científico de pro. La pregunta es: en qué coño estaba pensando ese hombre cuando se casó con semejante ejemplar?

2. Darwin hablando con el fantasma de su hija muerta, que se le aparece en los momentos más intempestivos siempre con ganas de cháchara. Por cierto, niña repelente y repulsiva donde las haya.

3. Darwin escribiendo “El origen de las especies” a base de sudores, temblores parkisonianos y sufrimientos múltiples, supuestamente causados por el terrible dilema entre ciencia y religión.

4. Darwin soñando, unas veces con la omnipresente niña muerta y otras veces con bichos que se comen unos a otros y hacen cosas raras, y naturalmente despertando de sus pesadillas nuevamente entre sudores y horrorosos sufrimientos.

Y así todo el tiempo. Ahora un sueñecito, ahora un ratito de escribir, ahora una charlita con la difunta criatura, ahora una peleílla con su señora (una Jennifer Connelly estupenda en su papel de estricta gobernanta meapilas), y otra vez a dormir y a soñar y a escribir y a sudar y a temblequear. Así que cuando ya llevaba unas cuantas dosis de cada una de estas escenas y me di cuenta de que iba a ser todo el rato lo mismo, agarré el mando, apagué el aparato y mandé a Darwin a freír monas.

Hablando de monas, lo mejor, con diferencia, son las escenas con la orangutana Jenny. Qué desperdicio de película, por favor. Jon Amiel podía haber planteado la historia a base de intensos diálogos entre Darwin y la mona Jenny, probablemente mucho más interesantes que los de Darwin con el espectro de su repelente hija. Yo me enamoré de la orangutana Jenny a primera vista y prometo que si hubiera salido un poco más y no la hubieran matado tan pronto me habría quedado hasta el final. Pero para tragarme rollos oníricos de tíos atormentados siempre hay tiempo.