miércoles, 22 de octubre de 2014

Qué hacemos con Maisie?, by Scott McGehee, David Siegel

1ª PARTE: DRAMA FAMILIAR

La cosa empieza bien, cumpliendo lo que prometía, como un drama típico de divorcio con hijos de por medio. Unos padres egoístas, impresentables, con la misma sensibilidad hacia su pequeña hija que podría tener un gusano hacia un cadáver. Sí que es cierto que los directores recogen en los padres todos los defectos posibles habidos y por haber en el mundo; son como un compendio de irresponsabilidad, estupidez, mala hostia y agilipollamiento. No hay matices en los personajes, son sencillamente impresentables. No dan pie con bola, no hacen ni una sola cosa bien, no pueden ser más egoístas, vamos, peor imposible.

Todos los tópicos de los divorciados desalmados se cumplen: discusiones a gritos delante de la niña, lucha a muerte por la custodia en los tribunales, saltos a la torera en el régimen de visitas, olvidos imperdonables a la hora de recogerla, abandonos de la cría en mitad de la calle… lo más peor. Julianne Moore interpreta a una madre desquiciada, totalmente volcada en su trabajo (estrella del rock, un trabajo muy normalito, como se puede comprobar), que pasa olímpicamente de la chiquilla y no parece tener otro interés por ella que el de usarla para putear a su ex. En fin, hasta aquí, a pesar de la hiperbólica caracterización de los personajes, la peli responde a lo que es una historia típica de divorcios. Peeeeeero… cágate lorito; aparecen en escena las segundas parejas de los papis y empieza el desbarre y el despiporre, porque resulta que no son sólo unos padres desastrosos sino que encima son unos hijosdeputa con sus cónyuges.

2ª PARTE: COMEDIA ROMÁNTICA

Papá vuelve a casarse y elige como novia a la niñera, una chica rubia, de ojos azules, de unos 20 años, encantadora. Mamá, Julianne Moore (recordemos, una actriz que sobrepasa los 50), despechada, decide casarse también con un chaval igualmente rubio, de ojos azules, no más de 30 años y tan encantador como la niñera rubia. Naturalmente la chiquilla alucinando con su madrastra maravillosa y más todavía con ese padrastro estupendo, que no es otro que ese pedazo de maromo que atiende por Alexander Skarsgård.

De repente la cosa pasa de dramón familiar a comedia romántica, así de sopetón, sin solución de continuidad. Tranquilos, que no cunda el pánico, que no voy a contar nada que destripe la historia. Sencillamente adelanto que habrá románticos paseítos por la playa, carreritas a cámara lenta, juegos en el parque, cometas, idílica casita pegada al mar… en fin, besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura. Y la niña pasa a ser el complemento perfecto para el desarrollo de esta nueva historia de amor entre hermosos y jóvenes querubines. Los padres prácticamente desaparecen del mapa y ya sólo hay amor, amor y más amor.

En definitiva, de qué va esto? No se sabe muy bien qué pretenden Scott McGehee y David Siegel. Lo que en principio parecía una denuncia de esa clase de padres que anteponen sus intereses a los de sus hijos y que, en caso de ruptura, convierten a los críos en víctimas de sus despropósitos, termina en edulcorado derroche de escenas de postal.

Y lo malo es que nadie te avisa. Una lee la sinopsis y las críticas de la prensa especializada y te hablan sólo de la primera parte, la del dramón, pero nadie hace referencia a toda la segunda mitad de la película, que es un pastelazo. Habría yo visto esta mamarrachada, de haberlo sabido? Pues probablemente no, porque suelo huir despavorida de la comedia romántica americana. Y por eso en esta crítica me he propuesto ser yo la que advierta al espectador ignorante de lo que le puede esperar si decide ver la cosa esta. Al menos vosotros habéis tenido la suerte de que alguien os avisara.

martes, 21 de octubre de 2014

Agosto, by John Wells

John Wells realiza esta adaptación de la obra teatral del mismo título escrita por el dramaturgo Tracy Letts, que por cierto también firma el guión. La obra ganó el Pulitzer en 2008 y por lo visto fue un exitazo en Broadway, así que me imagino que Wells decidió aprovechar el tirón y apostar a caballo ganador.

Por lo general me suelen gustar bastante estas historias de reuniones familiares porque me recuerdan mucho a algunas familias que conozco y casi le puedo poner nombres y apellidos de personas reales a cada personaje. Lo que ocurre en esta ocasión es que están todos tan sumamente tarados que es imposible encontrar en ninguna familia un ramillete tan completo de piramientos varios: la madre drogata, el padre alcohólico, las hijas a cuál más perjudicada, los yernos para echarlos a los marranos, y la única nieta sale vegetariana porque dice que si comes carne comes el miedo de los animales. Vamos, línea y bingo.

Pero la cosa no queda ahí, qué va. Si fuera sólo eso, tendría un pase. Pero es que para colmo no paran de soltar secretos de familia; cada cinco minutos un secretillo, que si éste no es hijo de su padre sino de su tío, que si la otra sacó furtivamente la pasta de la caja fuerte, que si tal que si cual… Total, una familia que no gana para sustos y sorpresas. Y claro, ya tanto conflicto familiar como que mosquea un poco y resulta, no ya poco verosímil, sino directamente el despiporre.

Y por si todo esto fuera poco, la protagonista es una Meryl Streep más paroxísmica que nunca; un auténtico dechado de tics y aspavientos sin fin. A ella, que no le hace falta tampoco mucho para darle al baile de San Vito, encima se pone a interpretar a una pastillera con tendencia a la histeria, toma ya, os podéis hacer una idea. Por supuesto, la tropegésima nominación al Oscar estaba cantada.

En desconcertante contraste, Julia Roberts no mueve un solo músculo de la cara en las dos horas que dura la película. El mismo gesto desde el minuto uno hasta el final. Y claro, ves a la una pegando botes todo el rato y con la cara de niña del exorcista que se le pone a la Streep cuando le da el telele, y a la otra con la cara de palo, y es una paranoia.

Dicen que Tracy Letts es el niño malo malote de la dramaturgia americana contemporánea, pero yo, si esto es una muestra de lo que este tío sabe hacer, lo veo más como un caricaturista con oficio. Quienes lo comparan con Tennessee Williams, sinceramente, creo que no tienen ni puta idea.

sábado, 18 de octubre de 2014

Prisioneros, by Denis Villeneuve

Para empezar, aclaro que en mi casa la peli le gustó a todo el mundo un montón y que, las cosas como son, se pasa un ratillo bueno y entretenido. Hay intriga, hay tensión, hay giros, hay sorpresas... En fin, lo que se espera de un thriller más o menos apañao.

Eso sí, hay algo que lo jode todo: el principio en el que se basa.

A ver cómo lo cuento sin tener que espoilear.

Veamos, cuáles son los motivos que se te ocurren para secuestrar a dos niñas?

1. Quieres jugar con ellas a las casitas.

2. Quieres jugar con ellas a otras cositas.

3. Son ricas y quieres pedir un rescate.

4. Las quieres asesinar porque no te gustan las niñas.

5. Tienes de mascota un oso que sólo come niñas.

6. Eres tú el que sólo come niñas.

7. Usas niñas a modo de balón para jugar al fútbol.

8. Te han dado un papel de niña en una peli y quieres prepararlo con ellas.

Bueno, en esta serie de soluciones que doy hay algunas respuestas más verosímiles que otras. Obviamente cualquier policía trabajaría fundamentalmente sobre unas e ignoraría olímpicamente las demás, no?

Pues el secreto de esta película es ése justamente, que la posibilidad más tonta y más peregrina es la que es. Por tanto casi nadie puede adivinar el final, porque sólo a un imbécil de tomo y lomo se le podría ocurrir el desenlace.  Y esto es lo que hoy en día se considera un buen thriller.

Claro, yo me pongo en el lugar de Denis Villeneuve y me digo: cómo puedo dejar atónito al personal, que ya está de vuelta de todo? Pues muy fácil: planteo un misterio con dos o tres posibilidades lógicas y mil o dos mil completamente gilipollescas, y la resolución es una de las más grotescas.

Y luego contratas para los papeles principales a Hugh Jackman, en plan padre ofuscado convertido en bestia parda, y a Jake Gyllenhaal, de poli bueno, comprensivo y legal; y enfrentas a estos ejemplares con una Melissa Leo que se los come a los dos con papas... e voilà! Qué susto, no?

viernes, 17 de octubre de 2014

Movida del 76 (o Jóvenes desorientados), by Richard Linklater

El título original de esta peli es "Dazed and confused". Vamos, en cristiano, agilipollados y esnortados. A qué viene esa estúpida traducción de "Movida del 76?"

Porque todavía la opción alternativa de "Jóvenes desorientados"... bueeeeeeno, tiene un pase. Pero joder, por qué no la traducción exacta, que es "Agilipollados y esnortados", que además es una descripción precisa del estado de los protagonistas.

Por qué no respetan de vez en cuando los títulos originales de las películas, sobre todo cuando les van que ni pintados?

Aunque, naturalmente, también habría otras opciones para titular esta patochada. Por ejemplo:

1. Con granos y a lo loco.

2. Sé lo que hicísteis, panda de marranos.

3. Días de porros y mozas.

4. La maría siempre llama dos veces.

5. American granittis.

6. Sin luces en la ciudad.

7. Senderos de escoria.

8. Al filo de la estulticia.

9. Alguien voló sobre estos mamelucos.

10. El silencio de los porreros.

11. En busca de la neurona perdida.

12. La necedad vive arriba.

En definitiva, no sé en qué estaría pensando Linklater cuando hizo esta mierda, la verdad.

Eso sí, no os perdáis a Ben Affleck de gañán adolescente. Madre mía, cómo ha mejorado con los años ese muchacho!

martes, 14 de octubre de 2014

Las chicas de la sexta planta, by Philippe Le Guay

Ésta es la historia de un señor en el París de la France de los años 60 que se encoña de su joven criada española y ya de paso le coge tremenda afición a la cultura española en general. Desde ese momento el tipo se pasa todo el tiempo tocando las palmas, comiendo paella y bailando rumbitas o lo que tercie.

Imagínate a un francés, de los feos feos y de los pavilacios pavilacios, metido a flamenquillo. Que no estamos hablando de Manu Chao, eh? Que éste es un pánfilo con la misma gracia que un gamusino, que de repente se nos encoña y se vuelve majareta, sobre todo desde el día en el que ve en pelotas duchándose a la empleada en cuestión.

En fin, un truño como una casa. Lo único divertido es que el director se llama Philippe Le Guay, lo cual me ha hecho mucha gracia. Felipe El Guay, mola, que no? Y bueno, que a Carmen Maura le dieron un César por su interpretación, lo que me hace pensar que los César los deben de dar en Francia casi con la misma alegría y falta de criterio con los que aquí se dan los Goya.

Y otra cosa con la que te partes el culo es con el acento francés, porque si la ves doblada los franceses de la peli, en lugar de hablar en su francés natal, se pasan todo el rato diciendo cosas como:

“Señoggita, me podgía pgepaggag un huevo duggo?”, “me gustaggía ig a su tiegga y pgobagg la paella en algún chigginguito”, “en gealidá los fganseses no sabemos disfgutag de la vida” o “me tgastogna una bagbaggidad el cambio hogaggio”.

Es muy divertido ver a los franceses hablar así en su propio país, a la par que escuchar a las criadas españolas decir “el mesié me va a perdonar” o “madame, puede dar a muá mis cartas, sivuplé?”. En fin, desbarres del doblaje para descojonarse un rato si te pilla el día cachondo.

sábado, 11 de octubre de 2014

3 bodas de más, by Javier Ruiz Caldera

Pertenezco a ese selecto club de personas a las que las bodas producen urticaria. Es superior a mí, me cuesta imaginar un espectáculo más bochornoso y cutre que una boda; si acaso hubiera algo comparable sería las comparecencias de algunos ministros o las ruedas de prensa de la Conferencia Episcopal.

Con esto lo que quiero decir es, aparte de que si algún conocido está leyendo esto y pensaba invitarme a su boda pedirle discretamente que se abstenga, que las películas de bodas me producen casi el mismo horror que las bodas propiamente dichas. Inexorablente toda película que lleve en su título las palabras "boda" o "novio" o "novia" me provoca un rechazo inmediato y tengo que decir que muy pocas de ellas se han librado de mi veredicto demoledor. Naturalmente ésta de Javier Ruiz Caldera no podía ser menos.

La cosa va de una tía petardísima a más no poder a la que tres exnovios invitan en un mismo mes a sus bodas con sus nuevas novias. Supuestamente la tía es una desgraciada en el amor, pero a las tres bodas acude acompañada de un becario que está bueno que te cagas y que se enamora de ella al primer golpe de vista, y encima en la primera boda conoce a Quim Gutiérrez, que también se enamora locamente de ella, como no podía ser menos. A todas esas desgracias amorosas me apunto, pero ya.

Casualmente vi la peli con mi ex. Y, por si acaso, bien clarito se lo dejé: que si se casa ni se le ocurra invitarme a la boda, salvo que por esas fechas yo tenga un becario cañón enamoradísimo de mí que me acompañe, o que haya invitado a Quim Gutiérrez al banquete para que se cuelguenamore de mí como un perro. Si no es con esas condiciones paso total de bodorrios.

Que la peli tiene algunos puntillos? Pues sí, es inevitable. Sería muy fuerte que con el pedazo de reparto que tiene y con el juego que da el tema bodas para retratar situaciones ridículas no te rieras ni una mijilla. Pero vamos, que las escasas risas compensan poco el bochorno que se pasa casi todo el tiempo.

Lo mejor, con diferencia, el final. Es una sorpresa muy agradable, así que no desvelaré nada. Solo por ese pequeño regalito que nos hace Caldera merecería la pena verla. Por eso recomiendo a todo el mundo que aguante hasta los títulos de crédito, por mucho que le cueste. Siempre podéis echar una siestecita mientras duran las 3 bodas y poner el despertador para el desenlace. Y mira, no sería mala idea una secuela a partir de ese inspirado final. Caldera, si me lees, ahí va un buen consejo.

jueves, 9 de octubre de 2014

Sophie Scholl: los últimos días, by Marc Rothemund

Ésta es la bonita historia de una joven alemana que durante los turbulentos años de la II Guerra Mundial formó parte de un grupo de resistencia al régimen nazi llamado “ La rosa blanca”. Al parecer la película está basada en hechos reales y esta muchachita existió realmente, y según he leído, los diálogos se basan en las actas de los interrogatorios que se le hicieron en las dependencias policiales.

Sólo puedo decir que si esto es así y efectivamente los interrogatorios transcurrieron de esa manera, la policía hitleriana estaba compuesta por una panda de chapuceros ineptos y moñas de mucho cuidado. La muchacha se tira horas tomando el pelo a su interrogador de la manera más descarada sin que éste parezca tener la menor idea de cómo conseguir hacerla cantar. Vamos, que cualquier picoleto de nuestra flamante Guardia Civil tiene más recursos contra un delincuente común que este hombre, que supuestamente pertenecería a una de las policías más duras y crueles de la historia.

Ni una uñilla arrancada, ni un abrebotellas amenazante ni una simple torturilla de nada… nastis de plastas. Todo lo más un par de voces más altas que otras, alguna reprimenda de parvulario y, en el colmo de la crueldad, el foco del flexo dirigido a la cara de la pobre detenida.

Para que os hagáis una vaga idea reproduzco brevemente algo parecido a los interrogatorios que se ven en la peli:

“Señorita, cuándo va a decir usted la verdad? Le advierto que mi paciencia se está agotando.”

“ Comisario, le estoy diciendo toda la verdad. Yo no repartí esos panfletos”.

“ Ha de saber que hemos tomado las huellas dactilares de los panfletos y coinciden con las suyas”.

“ Ah, pues no sé cómo habrán llegado hasta ahí, qué quiere que le diga”.

“ Va a decirme usted que no sabe cómo han llegado sus huellas a esos papeles?”

“ Tal como se lo cuento, comisario”.

“ Y por qué llevaba usted un maletín vacío cuando fue detenida?”

“ Era para recoger la merienda de casa de mi abuelita, que vive al otro lado del bosque”.

“ Pretende que me crea que no llevaba las octavillas en el maletín?”

“ Así es, señor comisario. No llevaba nada porque era para guardar mi merienda.”

Y así durante horas, horas y horas. En la Alemania nazi, señores!

Vamos, que el Lute se habría dado con un canto en los dientes si le hubieran llevado ante estos señores para que le interrogaran. Yo, si alguna vez delinco, quiero que me interrogue la Gestapo, que me paso las preguntas por el papo.

Y esta patata obtuvo dos Osos de Plata en Berlín! Uno para el director, Marc Rothemund, y otro para la actriz Julia Jentsch. Vaya, como os lo cuento.

Y luego nos metemos con las pelis españolas sobre la guerra civil, cuando cualquiera de ellas es mil veces más creíble que esta alemanada. Virgen santa, lo que nos gusta flagelarnos!