miércoles, 25 de febrero de 2015

Copia certificada, by Abbas Kiarostami

Me pasa esta peli un simpático amigo, imagino que en la creencia de que puede ser de mi agrado. Menudo chasco se va a llevar el pobre cuando lea esta crítica. En fin, así es la vida.

Tengo que decir que al principio sí, al principio la cosa iba bien y yo pensaba para mis adentros: “este muchacho me ha calado y sabe bien lo que me gusta”. Pero no, mi gozo en un pozo. Aproximadamente pasados los primeros veinte minutos de película de repente la cosa da un giro argumental inesperado, y ahí ya me pillo un monumental cabreo de tres pares de narices. Ya está, otro director cachondo al que le gusta tomar el pelo al personal. Tú crees que estás viendo una cosa, concretamente crees que estás viendo lo que es el inicio de una relación, y resulta que estás viendo algo muy diferente y que eres, una vez más, cascarón de huevo. Se han quedado contigo como una china.

Estoy un poco harta de esos guiones que juegan peligrosamente con la credulidad del espectador y con su santa paciencia. Me da igual que el tal Abbas Kiarostami este tenga reminiscencias de Antonioni, de Fellini, de Passolini o de la Virgen del Carmen. Me da igual que la crítica oficial lo considere una especie de geniecillo de la lámpara. Yo creo que hay gente que no debería salir nunca de su país de origen porque se desquician un montón y se les va la pinza. Éste es el caso, ese señor es iraní y el aire francés no le ha sentado bien; a esta peli me remito.

Diálogos pretenciosos y espesísimos a más no poder. Los de la pareja entre sí no tienen desperdicio, pero hay uno concretamente de la mujer con la camarera de un café que, de verdad, debería de figurar en los anales de las conversaciones más irritantes de la historia del cine. Bueno, y la discusión sobre la estatua? Ahí ya a punto estuve de apagar el chisme y pirarme a ver el Gran Hermano Vip, necesitaba urgentemente un chute de ordinariez y chonismo. Qué hartura de filosofía parejil gafapastosa, señoooor.

Unas situaciones, unos espantos de sitios… De repente, no sé con qué fin, el director mete a los dos pestiños estos en un antro siniestro donde la gente va a casarse por cientos. Quitando el repelús que ya de por sí me dan las bodas y las pelis sobre bodas, ver a estos dos rodeados de novias a cuál más adefesio y escuchar las “reflexiones” a las que da lugar esto en la desquiciada protagonista fue demasiado para mi pobre estómago.

El personaje de Juliette Binoche, pese a que ella está preciosa y supersensual y hace lo que puede para salvarlo, me parece de un irritante que raya en la provocación homicida. A lo largo de toda la segunda parte del film una no se explica muy bien cómo el hombre puede reprimir el impulso de estrangularla. Por cierto, Binoche y Shimell son los dos únicos elementos que salvaría de la quema; están los dos estupendos cada uno en su estilo, teniendo en cuenta que sus personajes son completamente opuestos. Shimell borda la frialdad del suyo y Binoche lo mismo con el desequilibrio pseudoamoroso de la tarada a la que interpreta.

En fin, llegué al final de puro milagro. Mientras mis ojos se cerraban inevitablemente ante el cúmulo de estupideces que estos dos se soltaban mutuamente, muy especialmente ella, yo intentaba mantener mi cabeza erguida y mi nivel de consciencia en un grado de entendimiento aceptable, sólo para poder hacer esta crítica. No sé cómo, pero al final lo conseguí, y aquí está el resultado. Lo siento por ese muchacho que con tanto esmero e interés me pasó la cinta pero… ufffff, la sinceridad es mi más asqueroso defecto.

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